A través de los tiempos los hombres sobre la tierra buscan la manera de cambiar sus vidas y alcanzar la bendición para los suyos, y muchas veces sin tener resultados. Pero en esta reflexión encontramos a un hombre llamado Jabes, personaje bíblico que encontró la manera de conquistar la bendición de Dios. Oró a Dios de una manera muy singular para obtener la bendición del cielo.

En la primera parte de este verso, dice la escritura que Jabes era más ilustre que sus hermanos. La biblia muestra una característica especial de Jabes. Y lo compara con sus restantes hermanos. Igualmente podemos ir comparándonos nosotros con nuestros hermanos en Cristo. Entre todos, dice que Jabes, nuestro hermano Jabes, era más ilustre que el resto de hermanos.
Cuando investigamos la palabra ilustre, nos imaginamos que se trata de alguien grande a quien hay que brindarle honores, alguien digno de honra. Pero la palabra ilustre, viene de una persona que así mismo se ilustra, investiga, recopila, medita, de alguien que quiere conocer algo. Jabes era un hombre ilustre, más ilustre que todos sus hermanos. Porque Jabes buscaba el consejo de Dios, aprendía de Dios. Jabes se acercaba a Dios, Jabes meditaba en la palabra del Señor. Jabes no era un hombre pasivo, sino que era un hombre activo en el Señor. Un hombre que quería conocer los secretos de Dios, un hombre que quería alcanzar el éxito en el Señor.
INVOCAR A DIOS
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Jabes no esperó que Dios lo usara, Jabes actuó en fe creyendo que Dios era poderoso para promoverlo a una posición superior. Jabes comprendió que tenía que depender de Dios. Y su dependencia a Dios era integral, porque muchas veces queremos depender de Dios en lo económico. Pero Jabes quería una dependencia absoluta en Dios. Y por esto Jabes invocó a Dios. La palabra invocar no solo significa orar. Hemos oído en el mundo la invocación de los muertos y sabemos que en esa invocación se pide que el muerto venga. Pero Jabes no invocó a un muerto, sino aquel que vive, Jabes invocó al Dios del cielo. Jabes quería que Dios estuviera allí con él. Él sabía que Dios podía descender y estar allí a su lado para comprender los secretos de Dios. Quería conocer los misterios del reino. La revelación de la palabra de Dios. Los mecanismos y estrategias para alcanzar las promesas que Dios había dado a sus hijos. Dios nos ha dado muchas promesas, pero sus promesas tienen unas condiciones que tenemos que cumplir para que se den. Jabes sabía esto, por lo cual invocó la presencia de Dios, pidió que fuera el Espíritu de Dios allí con él, en su vida en una comunión íntima y personal.
Jabes no se abandonó a la vida religiosa, Jabes no se abandonó a la asistencia los cultos, Jabes no se abandonó a leer una predicación, sino que Jabes inquirió en la presencia de Dios, quería penetrar donde estaba Dios, quería conocer los secretos que Dios tenía para los hombres. Quería conocer los secretos de Dios, por eso se acercó de una manera estrecha a Dios, quería estar junto con Dios, quería contagiarse de ese Dios maravilloso. Quería comprender lo que Dios tenía para su vida. Pero muchas veces nosotros, no inquirimos, no investigamos en el Señor, no entramos en el secreto de Dios, sino que nos abandonamos a las circunstancias y dependemos de las circunstancias, pero Dios nos llamó a nosotros para cambiar las circunstancias. Jabes sabía que había un poder en la oración, que había algo en la oración, sabía que si entraba en la presencia y en la gloria del Señor podría alcanzar las preciosas promesas que Dios le había dado. Y por eso quiso ahondar en él, en su presencia, conocer la gloria del Señor. Experimentar que Dios estaba allí en su vida, que Dios podía penetrar y transformarle, por eso Jabes pudo orar como dice la escritura: E invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo.
“…nos abandonamos a las circunstancias y dependemos de las circunstancias, pero Dios nos llamó a nosotros para cambiar las circunstancias.”
Note que dijo “Diciendo”, él lo invocó por la palabra hablada, Jabes sabía que había poder en la palabra de confesión. Había poder en la invocación a Dios, cuando él hablara con Dios. No solo lo invocó para esperar en Dios, sino que declaró la palabra por sus labios de lo que quería, que sabía que Dios le iba a dar. Él sabía que declarando la palabra de las promesas Dios iba a hacer cosas prodigiosas. Así como dice la escritura, “Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.” Marcos 11:23 La escritura dice que “cualquiera que dijere”, la confesión es poder de la ejecución de la voluntad de Dios de lo que te haya encargado o prometido. No es confesar de la voluntad de nuestro corazón sino de la voluntad del corazón de Dios.
Así como el hombre tiene el libre albedrío para hacer a voluntad lo que quiera, agradando o desagradando a Dios. Hay un poder en la confesión para hacer realidades por medio de ella. El asunto es hacer confesión de lo que le agrade o este en la voluntad de Dios. Por eso es que la escritura dice “cualquiera”, es un poder inherente en el hombre, pero para el hombre realmente de Dios su confesión es para gradar a Dios en lo que está en su voluntad. Así como el hombre tiene el don de la inteligencia, que la puede usar para bien o para mal, igual ocurre con la confesión. Puede usarla arbitrariamente o usarla a favor del reino y la voluntad de Dios.
Cuando una madre usa su boca para maldecir a un hijo, por ejemplo, esa maldición se puede convertir en una realidad, y no porque esté en la perfecta voluntad de Dios, sino porque hace parte de un don en la naturaleza del ser humano. Usemos el poder de la confesión, pero no para lo que sea a nuestro favor, sino para lo que esté en la voluntad de Dios.
De allí que es necesario buscar la perfecta voluntad de Dios antes de ponernos a confesar y a decretar. Jabes sabía lo que estaba en la voluntad de Dios porque fue ilustrado en la presencia de Dios. Por eso clamó: “: ¡Oh, si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe! Y le otorgó Dios lo que pidió.”
“Usemos el poder de la confesión, pero no para lo que sea a nuestro favor, sino para lo que esté en la voluntad de Dios.”
DECLARAR BENDICIONES DEL CIELO

Jabes empezó a invocar a ese Dios poderoso y a declarar la bendición sobre su vida. Sabía que como estaba, estaba en maldición. Pero era un hombre ilustre. Un hombre entendido, que con diligencia investigaba en el Señor, que con diligencia quería conocer cómo podía Dios actuar en su vida, cómo Dios lo podía sacar del estado en que estaba.
Así mismo cada uno de nosotros, hombres, mujeres, niños, todos, tenemos que buscar diligentemente en el Señor que nos hable de los planes y propósitos que tiene con nuestras vidas.
“Pero es necesario abrir nuestras bocas delante de Dios, es necesario orar en el espíritu, y dejar que el Espíritu Santo opere en nuestras vidas.”
ENSANCHANDO EL TERRITORIO

Porque su territorio era el globo. Tenía un territorio mundial en Dios. Pero también conozco ministros, cuyo territorio es su país. Claman a Dios por su país, y se pueden mover ministerialmente en su país. Pero también conozco hombres cuyo territorio está limitado por su casa y su obsesión es sólo la salvación de su propia familia. Su obsesión es que su hermano, su hijo y los demás miembros de la familia se salven no importa lo que pase afuera. Ese es su territorio. Hasta allí llega su visión. Y hay otros cuyo territorio son ellos mismos, y oran y claman por sí mismos. Y oran y piden por sí mismos. Porque su territorio está limitado a sí mismos. Pero Jabes descubrió que Dios podía ensanchar su territorio. Jabes empezó a clamar porque sabía que Dios es un Dios de abundancias, que Dios es un Dios de ministerio y de visión amplia y que Él lo había llamado en un llamamiento supremo. En un llamamiento grande, y empezó a clamar a Dios.
¿Cuál es su territorio, hasta donde esta demarcado su ministerio, hasta donde está alcanzando su visión, hasta donde están corridas sus estacas? Jabes empezó a clamar a Dios, le pidió a Dios que ensanchara su territorio, tenemos que clamar a Dios y conocer que nuestro llamado es un llamado poderoso, capaz de transformar al mundo entero. Si sobre esta tierra existiera un solo hombre convertido a Cristo, tendría el poder suficiente para alcanzar y transformar todo el universo, porque Dios ha dado cosas grandes en el llamado. Y usted como hombre de Dios, con un llamado de Dios, no puede tener la vista corta, sino que tenemos que buscar ensanchar el territorio, el llamado, el ministerio. Porque usted no es el único por quien murió Cristo, porque las almas no son las de su hogar, las almas no solamente son las de su calle, las almas no solamente son las de su comunidad, las almas no solamente son las de su país, sino que las almas a alcanzar son las de todo el mundo. Las de todo el globo terráqueo. Y Dios te ha llamado a transformar naciones, Dios te ha llamado a transformar pueblos, Dios te ha llamado a ir hasta los confines de la tierra, llevando el poder del evangelio. Para salvación de las naciones. Él te quiere enviar a las naciones, el quiere romper la barrera, el quiere correr las estacas para que el territorio sea ensanchado. Jabes pidió: Ensancha mi territorio, Jabes clamó: ensancha mi territorio.
Clame a Dios, ensancha mi territorio y no se quede confinado a usted, ni a su grupo familiar, ni a su comunidad, sino que sea extendido en una visión amplia, en una visión grande para Dios, para servirle a Dios. Porque las almas se pierden. La gente se está perdiendo, las iglesias se están enfriando, muchos se están volviendo al mundo, muchos se están desviando, gentes que se están torciendo, ministros desviados, doctrinas erradas, erráticas están fluyendo por el mundo.
Porque no hay gente como Jabes, que busquen ser ilustres en el Señor, que busquen ser diligentes en los secretos de Dios, que busquen pedir a Dios como se maneja el don que tienen. ¿Cómo se maneja el ministerio, como se manejan los dones, cómo se manejan los talentos? ¿Cómo se maneja el don por ejemplo de lenguas? Hay gente que recibe el don de lenguas y hasta allí llega. Pero hay otros que conocemos los misterios de hablar en lenguas, y sabemos que cuando oramos en lenguas estamos hablando con Dios, y estamos conociendo los secretos de Dios. Que cuando estamos orando en lenguas podemos reprender al diablo, y echar fuera los principados y las potestades, porque sabemos que es un don de poder. No ore en lenguas para que los demás lo vean, cuando usted ora en lenguas sabe que puede penetrar esa densidad de los aires y puede echar fuera al principado que actúa sobre una zona determinada. Porque es un don poderoso, y el don de lenguas atrae los demás dones, 2Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios. 1Cor.13:2
“Si sobre esta tierra existiera un solo hombre convertido a Cristo, tendría el poder suficiente para alcanzar y transformar todo el universo, porque Dios ha dado cosas grandes en el llamado.”
Es importante indagar en lo que Dios te ha dado, ¿Qué te dio Dios? Tenemos que ser ilustre como Jabes. Ser diligentes, inquirir en la presencia de Dios. Pedir a Dios sabiduría entendimiento, de los misterios de los dones, de los talentos, del llamado. Hay muchas personas que tienen el don de sanidades y su ejercicio se limita a ir a orar por sanidad en los enfermos, pero tenemos que ir al secreto del Señor y él nos revelará los misterios de los dones de sanidades, para que entonces se hagan cosas grandes y prodigiosas. Eso hizo Jabes, inquirió profundamente en el Señor.
ANHELANDO LA MANO DE DIOS
Escucha: Lo que tú hagas aún para Dios, sino esta la mano de Dios contigo, no prosperará. Porque no fructificará. Por eso Jabes oró:”Si tu mano estuviera conmigo”, necesitaba que Dios actuara en él, que Dios actuara con él. Que cuando él caminara era porque Dios estaba caminando con él. Que cuando hiciera algo para Dios, Dios estuviera en el asunto. Por eso Moisés también dijo: “Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.” Y cuantas veces nosotros salimos a hacer sin que Dios esté con nosotros, aunque tengas la buena intención, y puedes querer hacerlo para Dios, pero nunca prosperará como debe prosperar.
“y si tu mano estuviera conmigo”, ¿sabe qué significa? Él imploró, él anheló vehementemente, entró profundamente en el Señor y le rogó a Dios. Usted tiene que entrar en esa presencia íntima con Dios, en lo más profundo en el secreto del Señor, orar allí con Dios. En el corazón de Dios. Allí con el Señor di: ¡oh, Señor, si tu mano estuviere conmigo! Necesito que tu mano esté conmigo. Usted tiene que entrar en esa presencia íntima de Dios. Conocer bien al espíritu de Dios. Para que allí el Señor esté con usted y le de nuevas fuerzas, y se levante con la fuerza de Dios para alcanzar los logros, las victorias con el poder de la mano de Dios en su vida.
“Si tu mano estuviera conmigo”. Muchos de nosotros salimos y hacemos y vamos, y negociamos y actuamos, pero la mano de Dios no está con nosotros, luego entonces le decimos: ¿Señor y donde estas? Te he servido, mira cuantos años sirviéndote, mira cuanto tiempo predicando tu palabra, mira cuanto tiempo haciendo esto y no estoy viendo las bendiciones. Dios te dirá: Ven acá, es que hace mucho tiempo tú me dejaste atrás y saliste adelante.
“y si tu mano estuviera conmigo”, el anhelo, él sabía que era necesario que Dios estuviera con él en el asunto de su vida. Necesitas saber que Dios debe estar contigo en el asunto de tu llamado, de tu ministerio. Saber que Dios está allí. Hoy le aconsejo, ahonde mucho en eso: Que Dios esté con usted. A veces que nos da por orar, orar y orar. Gloria a Dios, pero ¿cuántas veces estamos gimiendo en la presencia de Dios? Anhelando que Dios more con poder en nuestros corazones. ¿Cuántas veces hemos anhelado que Dios esté con fuego en nuestros corazones?¿Cuántas veces hemos gemido para que Dios permanezca en lo más profundo de nuestro corazón? Necesitamos gemir en su presencia, necesitamos gemir a Dios. Necesitamos llorar en la presencia, en la gloria del Señor. Entonces Dios hará maravillas.
La biblia dice que cuando ores, entra en su presencia, cierra la puerta y ora a Dios, que tu padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Esto significa que usted debe estar en lo más íntimo, en la presencia misma de Dios, allá escondido, en el corazón de Dios, gimiendo y rogando dentro de Dios. Cuando usted salga de allí va a ver la misma gloria del Señor. Dios te va a recompensar en público. Vendrán las almas, vendrán las sanidades, la palabra de poder, vendrán los milagros de Dios, porque él te va a recompensar afuera, en lo exterior. Pero búscalo en lo interior. Búscalo en el corazón. Penetra en su presencia, en lo más hondo de Dios, en la intimidad con Dios.
Muchos hombres de la biblia hablaban así con Dios, como dice la escritura en Éxodo 33:11 “Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como cualquiera a su compañero”. Moisés entraba en esa presencia de Dios. Muchas veces en esa presencia no hay palabras, a veces hay gemidos, a veces espera, pues estamos allí metidos en lo más íntimo con Dios. Cuando Moisés salía, su rostro era resplandeciente. Por la gloria del Señor. Queremos ser resplandecientes en lo exterior, cuando en realidad no hemos buscado la luz resplandeciente en lo interior.
“Usted tiene que entrar en esa presencia íntima con Dios, en lo más profundo, en el secreto del Señor, orar allí con Dios. En el corazón mismo de Dios.”
LIBRADOS DEL MALIGNO
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Muchas veces estamos trabajando en el ministerio, he escuchado ministros que dicen: “si yo no me meto con el diablo, él no se mete conmigo”. Desconociendo lo que dice la escritura, Jesús hablando: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir”, habla de la naturaleza de un enemigo que ejecuta una acción conjunta: hurta y mata y destruye simultáneamente. Es un instinto animal, no es una reacción, sino la naturaleza de su acción. Su obsesión es acabar con la simiente de Dios. Acabar con su vida y su ministerio. Más Jesucristo dijo: “Y yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”
El diablo siempre va a querer traer enfermedad sobre tu vida, él siempre va a buscar que tu no surjas, porque el sabe que cuando se levante un hijo de Dios, con la estatura de Jesucristo, el varón perfecto, su ministerio va a empezar a temblar porque se vendrá abajo por la acción del poder de Dios en sus hijos. Por esa razón Satanás le tiene pánico a los hombres que conocen sus artimañas. Tratando siempre de esconderse para burlar a los hijos de Dios. Pero Jabes siendo un hombre ilustre, como muchos de nosotros que vamos a indagar en la presencia de Dios, vamos a discernir las fuerzas del mal que se opongan, pero no les tememos porque Dios nos dio la autoridad para hollar serpientes y escorpiones.
DÁDIVA DIVINA

Dios puede hacer cosas grandes con usted, así como lo hizo con Jabes. No sé cual sea su nivel espiritual y su compromiso con el Señor, pero aún hay más para usted, porque el depósito de Dios no está en escases.