domingo, 1 de marzo de 2009

"El Desafío de Atravesar el Ojo de la Aguja"

Los oficiales navales quedaron encantados cuando los exploradores británicos descubrieron el estrecho de Bass en 1798. Este paso, que separa Australia del estado insular de Tasmania, redujo el viaje de Inglaterra a Sydney en 1.100 kilómetros (700 millas).

Sin embargo, el estrecho de Bass ha demostrado ser uno de los tramos marítimos más bravos del mundo. ¿Por qué? Los vientos del oeste, las fuertes corrientes y las aguas poco profundas (de unos 60 metros [200 pies]) se combinan para producir grandes olas y condiciones que dificultan la navegación. También son peligrosos los escarpados arrecifes de la isla King, ubicada justo en medio de la entrada occidental del estrecho.

Hoy no es difícil atravesar el estrecho de Bass, pero ese no era el caso en los días en que solo había veleros e instrumentos sencillos de navegación. En aquel tiempo, entrar por el lado occidental del estrecho le destrozaba los nervios a cual¬quiera. Incluso había quien decía que era como "atravesar el ojo de la aguja".


Una Ruta más Corta

Durante el siglo xix, a los barcos les tomaba hasta cinco meses recorrer los 19.000 kilómetros (12.000 millas) que hay desde Inglaterra hasta el este de Australia, y el viaje no era nada agradable. Normalmente, los barcos transportaban bajo cubierta y en condiciones deplorables a cientos de pasajeros, en su mayoría emigrantes y reclusos. Era común que estos sufrieran de mareos, desnutrición y enfermedades. Además, tenían que soportar a las ratas e insectos que plagaban la embarcación. Una gran cantidad de pasajeros moríadurante el viaje.* Con todo, la promesa de una vida mejor daba a muchos la fortaleza y la resistencia necesarias para completar la travesía.

En 1852, las cosas empezaron a mejorar cuando el capitán James Forbes encontró una ruta más corta. La embarcación de Forbes, el Marco Polo, partió de Inglaterra con 701pasajeros a bordo, pero en vez de seguir el paralelo 39 a través del océano índico, que parecía ser la ruta más corta hacia Australia, el capitán tomó la ruta ortodrómica desde las islas británicas hasta el sudeste de Australia, lo cual lo llevó más al sur, hacia la Antártida. A pesar de los icebergs y las grandes olas, el viaje hasta Melbourne, la capital del estado de Victoria, duró solo sesenta y ocho días, la mitad del tiempo que tomaba antes.

El récord se alcanzó en un momento oportuno, pues Victoria hervía con la fiebre del oro. Cuando se enteraron de que se había hallado un trayecto más corto, miles de personas se lanzaron a cruzar el océano e ir en busca del preciado metal.

En 1852 murió una quinta parte de los niños menores de doce meses que hicieron el viaje de Inglaterra a Australia.

La ruta ortodrómica es el camino más corto entre dos puntos de la superficie de la Tierra. Trazarla es como unir dos puntos de una esfera con un hilo.

Después de zarpar de Inglaterra, la próxima parada era el cabo Otway, a 16.000 kilómetros (9.700 millas) de distancia. Con un sextante y cartas de navegación se calculaba la latitud, y con un cronómetro —puesto según la hora de Green-wich—, la longitud. La hora local se determinaba por la posición del Sol. Cada hora de diferencia entre la hora local y la de Greenwich representaba 15 grados de longitud. Las dos lecturas—latitud y longitud— permitían al buen navegante determinar su posición con bastante exactitud.

Pero este método no era infalible. Las nubes podían cubrir el Sol por varios días, y los cronómetros de antes no siempre eran muy precisos. Si todos los días el cronómetro se adelantaba o se atrasaba por tan solo un segundo, en tres meses el barco podría encontrarse a 50 kilómetros (30 millas) de su ruta original. Y si una tripulación un poco perdida se disponía a cruzar el estrecho de Bass y se encontraba con lluvia, niebla u oscuridad, podría confundirse aún más y hacer que el barco naufragara en las costas rocosas de la isla King o en las de Victoria. Sin duda, muchos viajeros se sintieron igual que cierto capitán que, al ver el cabo Otway a una distancia segura, exclamó con alivio: "¡Gracias a Dios que no cometimos ningún error!". El hecho de que la mayoría de aquellos marineros del siglo xix pudieran "atravesar el ojo de la aguja" sin naufragar habla muy bien de sus dotes de navegación. Sin embargo, al¬gunos barcos no fueron tan afortunados.


Cementerio de Barcos

El 1 de junio de 1878, antes del amanecer, el clíper Loch Ard navegaba a través de una espesa neblina rumbo a la costa de Victoria. El día anterior, esa misma neblina había impedido que el capitán determinara con precisión la posición de la nave. Como consecuencia, se hallaba mucho más cerca de la costa australiana de lo que se había imaginado. Cuando por fin se disipó la neblina, se llevaron una desagradable sorpresa: los escarpados acantilados de 90 metros (300 pies) de altura se hallaban a solo 2 kilómetros (1 milla) de distancia. La desesperada tripulación hizo cuanto pudo por cambiar la dirección del barco, pero el viento y la marea eran demasiado fuertes. En menos de una hora, el Loch Ard chocó estrepitosamente contra un arrecife, y a los quince minutos se hundió.

Tras estrellarse con un arrecife,el
Loch Ard se hundió en 15 minutos


De las 54 personas a bordo, solo dos sobrevivieron, el aprendiz de navegante Tom Pearce y la pasajera Eva Carmichael, ambos de menos de 20 años de edad. Tom se aferró durante horas a un bote salvavidas que estaba boca abajo en las heladas aguas invernales hasta que por fin la marea lo arrastró hacia una hendidura entre los acantilados. Cuando vio una pequeña playa llena de escombros de la nave, nadó hasta allí. Eva. en cambio, no sabía nadar, de modo que se aferró a unos escombros en el mar por casi cuatro horas hasta que la corriente la acercó a la playa donde estaba Tom. Al verlo, Eva gritó por ayuda. Tom se lanzó de nuevo al agua y, tras luchar por una hora con la marea, logró llevar a la orilla a Eva, quien para entonces se hallaba semiconsciente. Ella relató: "Me llevó a una cueva tenebrosa a unos cincuenta metros (150 pies) de la playa.

Encontró una caja de brandy, rompió una botella e hizo que bebiera un poco. Eso me reanimó. Luego consiguió hierba y algunas ramitas para que me acostara. Después perdí el conocimiento y permanecí así varias horas". Mientras tanto, Tom escaló el acantilado y encontró ayuda. A menos de un día del desastre, Tom y Eva se encontraban en una casa cercana. Eva había perdido a sus padres y a sus tres hermanos y dos hermanas en el naufragio.

Hoy, miles de embarcaciones, grandes y pequeñas, atraviesan sin ningún percance el estrecho de Bass todos los años. En el trayecto pasan junto a más de cien naufragios confirmados. Algunos delos lugares donde ocurrieron estos, como el desfiladero de

Parque Nacional de Port Campbell:
1) Jugar dond el Loch Ard chocó con tra el arrecife;
2) Ubicación de la Cueva de Tom Pearce



Loch Ard del Parque Nacional de Port Campbell, en Victoria, son frecuentados por turistas. Dichos lugares nos recuerdan las intrépidas almas del siglo xix que, tras recorrer medio mundo, tuvieron que realizar la temible hazaña de "atravesar el ojo de la aguja" en busca de una vida mejor.



Entrar en barco por el lado occidental del estrecho de Bass era como "atravesar el ojo de una aguja".




¿QUÉ PASÓ CON TOM Y EVA?

Tom Pearce y Eva Carmichael, los únicos sobrevivientes del naufragio del Loch Ard, se convirtieron en celebridades de la noche a la mañana. "Los periódicos exageraron los informes sobre el naufragio, aclamando a Pearce como a un héroe y a Eva Carmichael como a una hermosura. La prensa quería que se casaran", dice el libro Cape Otway—Coast ofSecrets. Y aunque Tom le propuso matrimonio, Eva rechazó la oferta. Tres meses después, ella volvió a Irlanda, y con el tiempo se casó y crió una familia. Falleció en 1934 a la edad de 73 años. Tom continuó navegando y en poco tiempo sufrió un segundo naufragio, pero sobrevivió de nuevo. Después de trabajar muchos años como capitán de buques de vapor, murió en 1909 con 50 años de edad.

 
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