lunes, 13 de julio de 2009

ATRIBUTOS DIVINOS: MISERICORDIA INFINITA DE DIOS


Si la misericordia de Dios es infinita ¿Se salvaran todos los hombres?

Que Dios es infinitamente misericordioso significa que perdona a todos los pecadores verdaderamente arrepentidos. Es decir, Dios perdona enseguida cualquier pecado o pecados cuando nos arrepentimos de veras.

“Tan cierto como que soy vivo, palabra de Yavé, que no deseo la muerte del malvado, sino que renuncie a su mala conducta y viva” (Ez. 33, 11).


En esta única acción encontramos dos polos: Dios y los hombres, "¿puede haber dos cosas más lejanas y remotas que Dios y los hombres, el inmortal y los mortales, el justo y los pecadores?..." ambos se encuentran de forma única en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. La pregunta que nos convoca implica una serie de conceptos, que manifiestan la relación de ambos (Dios-hombre) que es necesario aclarar: misericordia, infinitud, salvación…

Dios nos muestra su Misericordia en la forma como busca al pecador, bien sea a través de beneficios o de sufrimientos. También nos la muestra por su disposición a perdonar, sin importar la gravedad, ni la frecuencia del pecado, requiriendo sólo el arrepentimiento (Sal. 50, 18-19).

La salvación es universal

Preguntémonos por la salvación; así pues, ella es ante todo redención del pecado como impedimento para la amistad con Dios, y liberación del estado de esclavitud en la que se encuentra al hombre que ha cedido a la tentación del maligno y ha perdido la libertad de los hijos de Dios (Rm 8,21).

Dios ha ofrecido al hombre, luego de la caída, en la obra de la Redención la salvación y con ello ha revelado claramente su infinita misericordia. “La misericordia del hombre alcanza a su prójimo la misericordia del Señor abarca a todo el mundo”(Eclo 18,13).

"La causa de nuestra salud no es otra que la misericordia de Dios, a quien no amaríamos si antes Él no nos hubiera amado y con su luz de verdad no hubiera alumbrado nuestras tinieblas de ignorancia. Esto ya nos lo había anunciado el Señor por medio de su profeta Isaías: guiaré a los ciegos por un camino ignorado y les haré caminar por senderos desconocidos. Ante ellos tornaré en luz las tinieblas, y en llano lo escarpado. Cumpliré mi palabra y no les abandonaré (Is 42, 18).

Y de nuevo: me hallaron los que no me buscaban, y me presenté ante los que no preguntaban por mí (Is 65, 1).

En la Sagrada Escritura vemos las variadas formas en que Dios muestra su Misericordia con el pecador:

Como el Buen Pastor que busca la oveja perdida hasta encontrarla (Lc. 15, 4-7).

Claramente expresa la Sagrada Escritura que esta voluntad de salvación es universal, fruto del amor compasivo de Dios:

" pues él quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Dios es único, y único también es el mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre, que en el tiempo fijado dio el testimonio: se entregó para rescatar a todos (I Tim 2,3-6).

"De este modo en Cristo y por Cristo, se hace también particularmente visible Dios en su misericordia, esto es, se pone de relieve el atributo de la divinidad, que ya el Antiguo Testamento, sirviéndose de diversos conceptos y términos, definió "misericordia". Cristo confiere un significado definitivo a toda la tradición veterotestamentaria de la misericordia divina. No sólo habla de ella y la explica usando semejanzas y parábolas, sino que además, y ante todo, él mismo la encarna y personifica. El mismo es, en cierto sentido, la Misericordia." (DM. 2.2)

La obra de Dios realizada en Jesucristo, vincula definitivamente la justicia con la misericordia, manifestando la armonía que se establece entre ambas y desterrando el posible conflicto que algunos quieren atribuir. En la tradición la enseñanza de Cristo aparece claramente; Justicia y Misericordia como atributos divinos no están en contradicción.

“Que Dios obra misericordiosamente no por cierto faltando a su justicia, sino superándola: como si uno da doscientos dineros a un individuo a quien no debe sino cien, no obra contra la justicia sino con liberalidad y misericordia. Y lo mismo cuando se perdona una ofensa recibida, porque el que perdona un agravio hace una especie de don.

Hemos visto cómo Dios nos muestra su Misericordia Infinita en varios pasajes de la Escritura. He aquí otros pasajes que enuncian esa Misericordia Divina:

“Pero Tú eres un Dios de perdón, lleno de piedad y ternura, que tardas en enojarte y eres rico en bondad” (Neh. 9, 17b).

“¿Qué Dios hay como Tú, que borra la falta y que perdona el crimen; que no se encierra para siempre en su enojo, sino que le gusta perdonar” (Miq. 7, 18).

“Rasguen su corazón y no sus vestidos, y vuelvan a Yavé su Dios, porque el es bondadoso y compasivo; le cuesta enojarse y grande es su misericordia; envía la desgracia, pero luego perdona” (Joel 2, 13).

“Yo sabía que Tú eres un dios clemente y misericordioso, paciente y lleno de bondad, siempre dispuesto a perdonar” (Jon. 4, 2b).

“Tú eres, Señor, bueno e indulgente, lleno de amor con los que te invocan” (Sal. 86, 5).

“El Señor es ternura y compasión, lento a la cólera y lleno de amor; si se querella, no es para siempre; si guarda rencor, es sólo por un rato. No nos trata según nuestros pecados, ni nos paga según nuestras ofensas. Cuanto se alzan los cielos sobre la tierra, tan alto es su amor con los que le temen. Como el oriente está lejos del occidente, así aleja de nosotros nuestras culpas” (Sal. 103, 8-12).

“Porque el Señor es compasivo y misericordioso, perdona los pecados y salva en el día de la angustia” (Si. 2, 11).

“Pues cuánta es su grandeza, tanta es su misericordia” (Si. 2, 22b).

“¡Cuán grande es la misericordia del Señor y su perdón con los que se convierten a El!” (Si. 17, 29).

“El Señor es clemente y compasivo, tardo a la cólera y grande en Amor (Sal. 145, 8).

“Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación: (Lc. 1, 50).

“Sean misericordiosos, como es misericordioso el Padre de ustedes” (Lc. 6, 36).


“Pero Dios es rico en misericordia. ¡Con qué amor tan inmenso nos amó! Estábamos muertos por nuestras faltas y nos hizo revivir con Cristo. ¡Por pura gracia ustedes han sido salvados!” (Ef. 2, 4-5).

La salvación acogida o rechazada por el hombre

¿Quiénes son los destinatarios de esta acción salvífica de Dios? Son los hombres bajo el signo del pecado. "En realidad, la salvación no es un hecho automático, es decir, la gracia de la salvación debe aceptarse y acogerse libremente. Dios no quiere imponer la salvación, obligando al hombre a salvarse y por tanto a amarlo, porque la salvación conlleva de parte del hombre un acto de amor a Dios, y Dios no quiere obligar a nadie a amarlo, porque el amor no se puede imponer" . El misterio de la redención está en su misma raíz, unido de hecho con la realidad del pecado del hombre. Los hombres deben responder a la misericordia de Dios que tiene un nombre propio : Jesucristo.

Con la plenitud de la Revelación que se manifiesta en el Hijo unigénito, accedemos al "querer" de Dios. La salvación es obra de la gracia de Cristo que es infinita.

En esta obra de Reconciliación, el hombre esta llamado a responder en la libertad, "puede elegir rechazar definitivamente su amor y su perdón, renunciando así para siempre a la comunión gozosa con él".

"Porque obedecer al Salvador es participar en la salvación, y seguir a la luz es tener parte en la luz". Por lo tanto a la primera proposición debemos responder, que ciertamente, la misericordia de Dios es infinita y obra la salvación de todos los hombres. Ella se expresa privilegiadamente en el sacrificio de Cristo que tiene valor infinito, manifestando " profundamente la verdad de la misericordia, tal como ha sido hondamente revelada en la historia de nuestra salvación".

Acoger la misericordia de Dios, es responder en el Espíritu Santo a Jesucristo que obra la salvación. "El misterio pascual es el culmen de esta revelación y actuación de la misericordia, que es capaz de justificar al hombre, de restablecer la justicia en el sentido del orden salvífico querido por Dios desde el principio para el hombre, y mediante el hombre, en el mundo.

"Dios ofrece al hombre esta vida nueva: ¿Se puede rechazar a Cristo y todo lo que él ha traído a la historia del hombre? Ciertamente es posible. El hombre es libre. El hombre puede decir no a Dios. El hombre puede decir no a Cristo"."La condenación sigue siendo una posibilidad real, pero no nos es dado conocer, sin especial revelación divina, si los seres humanos, y cuáles, han quedado implicados efectivamente en ella".

" Ahora bien, la separación de Dios es muerte, y la separación de la luz es tinieblas. La separación de Dios es la pérdida de todos los bienes que están en él, y así, los que por su apostasía los perdieron, se encuentran privados de todos los bienes y experimentan todos los males. No es que Dios directamente los castigue por si mismo: sino que ellos han de sufrir el mal que se deriva de estar privado de todos los bienes. Porque los bienes de Dios son eternos e infinitos: por esto la pérdida de estos bienes es eterna e infinita.

Si uno se ciega a sí mismo o es cegado por otro dentro de una luz infinita, quedará para siempre privado del gozo de la luz: no es que la luz le castigue con la ceguera, sino que su misma ceguera tiene como consecuencia tan grande mal. Por esto decía el Señor: «EI que cree en mi, no es juzgado», es decir, no es separado de Dios, ya que por la fe permanece unido a Dios.

«Pero el que no cree —dice— ya está juzgado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios», es decir, él mismo se separó de Dios por su propia decisión. «Éste es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz. Porque todo el que obra mal, odia la luz, y no viene a la luz, a fin de que no se vean sus obras. En cambio el que hace la verdad, viene a la luz, para que sus obras queden patentes, porque ha obrado según Dios» (Jn 3:18-21).

Que puede afirmar el hombre

¿Hay realidades vinculadas al plan de la salvación que escapan al conocimiento humano? Debemos responder afirmativamente en un doble sentido. La Revelación es obra del querer Divino. Jesús ante la requisitoria curiosa de sus discípulos, sobre el día y la hora, en que se establecería el Reino, respondió diciendo: " a ustedes no les toca saber el día y la hora".

Ante la pregunta por la salvación de sus discípulos, Jesús muestra claramente la intención de no responder:

"Alguien le preguntó: «Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvarán?» Jesús respondió: «Esfuércense por entrar por la puerta angosta, porque yo les digo que muchos tratarán de entrar y no lo lograrán" (Lc 13,23-24).

El hombre puede afirmar la voluntad salvífica universal de Dios y su acción superabundante en la obra de la Redención. Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia (Rom 5,15-21). Pero convengamos que se encuentra fuera de las posibilidades humanas, salvo revelación divina, el poder afirmar si hay condenados y quienes son. De la afirmación de esta imposibilidad, se desprende que el hombre no pueda afirmar que se "salvan todos" en virtud de que se afirma "la posibilidad real de la condenación".



 
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