sábado, 28 de febrero de 2009

Libre Albedrío

Introducción

Libre albedrío, poder o capacidad del individuo para elegir una línea de acción o tomar una decisión sin estar sujeto a limitaciones impuestas por causas antecedentes, por la necesidad, o por la predeterminación divina. Un acto libre por entero es en sí mismo una causa y no un efecto; está fuera de la secuencia causal o de la ley de la causalidad.

La cuestión de la capacidad del ser humano para determinar sus acciones es importante en la filosofía occidental, en particular en la metafísica en la ética, así como en la teología. Por lo general, la doctrina extrema en la que se afirma la libertad de la voluntad se llama libertarismo; su opuesta, determinismo, es aquella donde la acción humana no se dispone con autonomía, sino que más bien es el resultado de influencias tales como las pasiones, los deseos, las condiciones físicas y las circunstancias externas fuera del control del individuo.

Enfoques Filosóficos

La libertad de la voluntad ha sido una preocupación comprensible entre las reflexiones de los metafísicos, quienes intentan formular teorías que expliquen la naturaleza de la realidad última, universal, y la relación de los seres humanos con el universo.

Algunos metafísicos mantenían que si el universo es racional debe basarse en una secuencia de causa y efecto: toda acción, o efecto, debe estar precedida por una causa y formar parte de una cadena ininterrumpida de causalidad que se prolonga hacia atrás hasta la causa primera, es decir Dios, o la divinidad. Un acto de libre albedrío absoluto por parte de una persona o un animal es, sin embargo, un acto inmotivado que se encuentra fuera de la cadena causal; aceptar la posibilidad de un acto de esta naturaleza niega el orden divino, racional, y hace que el universo parezca irracional.

Vista de esa forma, esta cuestión nunca se ha resuelto de un modo satisfactorio. Durante la edad media, el carácter inexplicable del libre albedrío llevó a intensos debates entre los filósofos religiosos y al famoso dilema conocido como el asno de Buridan, a menudo atribuido, quizás sin mucha fortuna a Jean Buridan.

La validez del libre albedrío ha sido también objeto de un debate considerable entre los filósofos éticos. Podría parecer que un sistema de ética debe implicar libre albedrío, pues la negación de la capacidad para elegir una línea de acción negaría la posibilidad de establecer un juicio moral. Una persona sin juicio moral no es responsable de sus actos.

En un intento por resolver este problema, los filósofos éticos han adoptado una gran variedad de posiciones, que oscilan entre el determinismo más absoluto y el libertarismo total.

Sócrates y Platón mantenían que la gente puede disponer sus propias acciones, pero que tan sólo aquéllas que estuvieran de acuerdo con el bien o la armonía del todo, eran en verdad libres. Así, sólo un acto juicioso es libre. Baruch Spinoza, el filósofo holandés, reinterpretó el libre albedrío como la autodeterminación, es decir, la medida en que a una persona se adapta a la naturaleza de Dios y a la propia naturaleza del mundo.

Immanuel Kant, el filósofo alemán, creía que la persona debía ser libre porque la libertad es un postulado necesario de la conciencia moral; el imperativo categórico kantiano está más allá de cualquier análisis teórico. La opinión filosófica predominante ha sido que existe una autodeterminación parcial y que, a pesar de que otras muchas consideraciones además de la voluntad están involucradas en la formación de los juicios morales, en ciertas circunstancias permanece, aunque pequeño, un núcleo de decisión creadora.

Enfoques Teológicos

El libre albedrío es importante en el ámbito teológico. Uno de los dogmas básicos de la teología cristiana tradicional es que Dios es omnisciente y omnipotente, y que todo acto humano está predeterminado por Dios. La doctrina de la predestinación, la réplica teológica al determinismo, impide en teoría la existencia del libre albedrío. Ya que la moral, el deber y la evitación del pecado son también elementos básicos en la enseñanza cristiana, ¿cómo, se pregunta la teología, puede la gente ser responsable en el plano moral una vez que se acepta la predestinación? Se han hecho muchos intentos por los teólogos para explicar esta paradoja.

San Agustín, el principal padre y doctor de la Iglesia creía con firmeza en la predestinación; sostenía que sólo los elegidos por Dios alcanzarían la salvación; nadie sabe, sin embargo, quién está entre los elegidos, y por tanto todo lleva al temor de Dios, a la vida religiosa.

La libertad, para él, era el don de la gracia divina. A esto se opuso el monje británico Pelagio y en especial los seguidores de su doctrina, el pelagianismo, para los que el pecado de Adán concernía exclusivamente a Adán, y no a la especie humana en su totalidad, y que todo el mundo, aunque ayudado por la gracia divina para alcanzar la salvación, tiene libertad completa en su voluntad para elegir o rechazar el camino hacia Dios.

Más tarde, los teólogos católicos fijaron la doctrina de la gracia previa para explicar el libre albedrío; de acuerdo con esta interpretación, Dios concedía a determinadas personas la gracia para actuar por sí mismos, dentro de un estado de gracia.

Durante la Reforma, la cuestión del libre albedrío se convirtió en campo de batalla religioso. Muchas sectas protestantes, en particular las calvinistas pusieron de relieve la doctrina agustina de la predestinación y la total exclusión del libre albedrío.

La predestinación calvinista fue considerada una herejía por la Iglesia católica, y el Concilio de Trento, en el siglo XVI, condenó a todos los que rechazaban el libre albedrío.

El problema no estaba resuelto todavía. El prelado francés católico Jacques Bénigne Bossuet ofreció aun otro enfoque, que llegó a ser muy apreciado; afirmaba que el libre albedrío y la presciencia divina son verdades seguras que deben aceptarse aunque no estén relacionadas en un orden lógico.

Posiciones Generales

Los psicólogos no hallaron un procedimiento para explicar de un modo fácil el libre albedrío; su método de causalidad científica implica determinismo. Los filósofos racionalistas de los siglos XVII y XVIII, que eran, hasta cierto punto, psicólogos, intentaron establecer leyes mecanicistas que incluían el fenómeno mental como si de un fenómeno físico se tratara, tal como ocurre con la gravedad; el libre albedrío, siendo anárquico por definición, no podía ajustarse a un sistema normativo.

En el siglo XX, ciertos psicólogos, en especial los defensores del existencialismo, han reconocido el elemento de espontaneidad en la mente humana que se admite para situarse más allá de cualquier ley científica. Esta espontaneidad puede interpretarse como libre albedrío, o por lo menos, como una medida de autodeterminación que las personas sienten poseer y por la cual actúan y formulan juicios morales.

 
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