viernes, 26 de marzo de 2010

LA TRAMPA DEL PROFETA ELÍAS





















Profesta Elias
(1 Reyes capítulos 17 al 19)



Usted conoce la historia de Elías y los profetas de Baal. Pero tómese justamente ahora unos cuantos minutos para releer los hechos en 1 Reyes capítulos 17 al 19 para refrescar su conocimiento de los principales caracteres y eventos involucrados en ellos.

Elías demostró muchas cualidades que son admirables en un profeta de Dios: oración, fe, obediencia a la voz del Señor, y la voluntad de dar su vida para probar que Jehová era el Dios verdadero. Se mantuvo solo como profeta de Dios y desafió a ochocientos cincuenta profetas de Baal, a una pelea sobre el monte Carmelo, que demostraría cual Dios era soberano. Ese día el también desafió al pueblo de Israel para que escogieran a que Dios servirían -a Dios o a Baal basados en el resultado de la pelea.

En los eventos resultantes, los profetas de Baal se mostraron a si mismos y a su dios el ser impotentes. Sin embargo Elías hizo una corta oración, y Dios envió fuego del cielo que consumió el sacrificio. Elías de este modo expuso a los falsos profetas y demostró que Jehová es el único Dios. Entonces el mató a todos los profetas de Baal, intercedió para que cesaran los tres años de sequía que él había profetizado para la tierra, y se adelantó corriendo a todos los carruajes de Acab. A la luz de estos eventos, nosotros podríamos asumir razonablemente, que este profeta tan feroz, efectivo y poderoso, no tendría debilidades de carácter, y que sería inmune a las trampas satánicas.

Un Agujero de Autocompasión. Sin embargo el resto de la historia muestra otra cosa. Cuando la reina Jezabel escuchó que Elías había matado a todos sus profetas, decretó para él ese mismo destino. Esta reacción del líder de esas tierras lo precipitó desde la cumbre del desempeño profético al agujero de la autocompasión y la oración pesimista.

Elías desapareció de la tierra de Israel y huyó al desierto. Se sentó bajo un árbol de enebro y oró a Dios pidiéndole que lo matara. Por supuesto esta oración de autocompasión era hipócrita en esas circunstancias, porque si Elías verdaderamente quería morir, él necesitaba únicamente quedarse donde estaba Jezabel, y ella gustosamente hubiera satisfecho su oración para que él fuera muerto.

Elías retrata al profeta que es poderoso profetizando y actuando, pero débil en personalidad, actitud, y ajustes al rechazo y la persecución. Debemos darnos cuenta que Dios no respondió a su oración de muerte de la manera que hubiera esperado, sino mas bien respondió encendiendo el fuego de la purificación hasta que todas las escorias de su vida egoísta pudieran ser quemadas.

El ministerio profético a menudo coloca al profeta en situaciones extremas con altas metas: éxito o fracaso, aceptación o rechazo, reivindicación o humillación, vida o muerte. Cuando de ello resulta un gran éxito, las victorias se ganan y se da un gran avivamiento, entonces el profeta o la profetisa usualmente esperan que el liderazgo de la Iglesia aprecie sus palabras proféticas y su poderoso desempeño. Sin embargo el liderazgo reacciona en lugar de eso como la reina Jezabel lo hizo - no solamente con rechazo, sino también con amenazas de destrucción. Consecuentemente, el profeta se siente desalentado.

Descendiendo por Pasos. Los profetas alcanzan el fondo de su pozo de desesperación descendiendo por pasos comenzando por el desaliento. Si la situación no se ajusta inmediatamente mediante una actitud adecuada, ese desaliento llevará al desánimo, luego al resentimiento, la autocompasión, el complejo de persecución, y la ira. El paso final de los profetas que descienden dentro de este agujero es un espíritu de amargura y de dura critica que les lleva a ser la ley para si mismos con tal espíritu de rechazo que nadie puede acercárseles en su auto desilusión.

Esta trampa causa al hombre o a la mujer de Dios el desarrollar una mala semilla de una autocompasión igual a la de Elías diciendo: “Todo el mundo esta contra mí. Nadie entiende mi ministerio. Estoy solo bajo el enebro. Nadie aprecia mi gran logro de hacer volver al pueblo de Israel de lo ídolos al Dios verdadero. Hice terminar la sequía enviándoles lluvia; destruí a todos los opresivos falsos profetas. Pero ellos no aprecian nada de lo que he hecho.”

Esta clase de pensamiento envía a los profetas a lo que yo llamo “la mentalidad de la cueva”. En esta condición, ellos creen al igual que Elías: “Solo yo he quedado”
Tristemente, los ministros que cometen este error de pensar que ellos son los únicos que quedan en el ministerio con un mensaje verdadero, un ministerio ungido y una visión adecuada se abrirán a si mismos a un espíritu de error. Su doctrina puede permanecer verdadera, pero su espíritu viene a ser equivocado. Si este espíritu no se ajusta rápidamente, pueden estar sujetos a una variedad de problemas espirituales.

Ellos pueden desarrollar un espíritu exclusivo y de aislamiento que puede llegar a formar los cultos de grupo (sectas). Ellos pueden llegar a ser un instrumento de Satanás para sembrar discordia y sospecha en el cuerpo de Cristo. Pueden caer en la inmoralidad personal. O pueden caer completamente y llegar a ser como un paria reprobado.

Un Espíritu de Error. En cuarenta años de ministerio yo he visto ocurrir este proceso muchas veces. Por ejemplo, en el movimiento de Fe, yo escuché una vez de un ministro que había escrito varios libros, y de esa manera había llegado a ser un reconocido maestro en algunos círculos. Unos cuantos años mas tarde él sacó a luz una cinta, en la que decía que él era el único que todavía predicaba un mensaje de fe puro. El desarrolló el síndrome del Profeta que lloriquea diciendo: “solo yo he quedado”.

Cuando escuché la cinta, le dije a la persona que me había pedido que lo escuchara, que el hermano que hablaba en ella hubiera desarrollado un espíritu de error. Añadí que si no se le corregía, él podría tomar una verdad y desarrollarla como un culto. Tristemente no pasó mucho tiempo antes que muchos cristianos murieran a causa de su espíritu erróneo y su extremado énfasis sobre una verdad en particular. El propio líder murió tempranamente debido a que el se había unido a su propio espíritu y a su enseñanza.

En otra ocasión, a finales de 1980, escuché a un líder evangelista decir públicamente en su transmisión que él era el único que había quedado para evangelizar el mundo. En unos cuantos meses el escándalo de su conducta inmoral fue la comidilla tanto de la Iglesia como de los medios seculares. El orgullo le causo su caída, pero la raíz de su problema fue el síndrome del Profeta Elías con su resultante mentalidad de la cueva.

Para evitar resultados similares en nuestras propias vidas, los ministros proféticos necesitamos crecer hasta tener la madurez y la sabiduría que nos permitirá superar tales situaciones sin perder la esperanza. Aquellos de nosotros que desarrollen la mala semilla de la actitud de Elías, deben recordar lo que Dios habló a este profeta cuando dijo: “solo yo he quedado”, El señor le hizo saber que otros siete mil eran tan justos y dedicados como él, y con una similar visión de la causa de Dios.

Levántate y Sacúdete. Yo mismo he caído en esta trampa unas cuantas veces en mi vida, y he conocido a algunos otros que sienten que son los únicos en su Iglesia o Nación que tienen verdaderamente el corazón y la visión de Dios.

Permite que la verdad te libere para actuar sobre las palabras de advertencia del profeta Isaías: “Sacúdete el polvo; levántate y siéntate,...suelta la ataduras de tu cuello” (Is.52:2).

Hablando claramente esto significa salir de nuestra egoísta manera de ser, de nuestro complejo de martirio-persecución. Significa sacudirse de ese espíritu de exclusión, de ese espíritu de reclusión que infla el sentimiento de auto importancia. Levántate y enciende la fortaleza de la naturaleza de Cristo, ajustando tus actitudes equivocadas antes que desarrollen un sistema de raíces que minen la vida de Cristo en ti.

Responde tan rápidamente como lo hicieras si una culebra cascabel cayera en tu cabeza. Y si la Verdad no te ha amanecido suficientemente para liberarte, entonces encuentra la ayuda rápida de un ministro superior antes de que tu desliz caiga en el espíritu de error, o te hundas tan profundamente en el auto-desaliento, que también te auto-destruya.

Ministro Profético, amigo mío, si te has dado a la “mentalidad de la cueva”, entonces recuerda que Dios solamente tiene dos cosas que decir al profeta mientras está en la cueva. La primera es una pregunta que le hizo y también repitió: ¿“Que estás haciendo aquí Elías?” La segunda fue esta:” Sal de la cueva y ve a la montaña delante del Señor para escuchar la voz de Dios”.

Elías obedeció este mandato, y cuando lo hizo, Dios le dio la gran comisión de llevar adelante sus propósitos por muchos años, incluso aun después que Elías fue levantado al cielo. Si queremos que nuestro ministerio siga siendo fructífero, nosotros también debemos salir de la autocompasión, de la mentalidad de la cueva para escuchar la voz de Dios mas claramente. (1º.Reyes 19:13-17).

La Crítica Continua es una Señal de Alerta. Yo he encontrado que cualquier ministro - ya sea apóstol, profeta, pastor, maestro, o evangelista - que comienza a criticar a otros ministros y a implicar que él o ella son el modelo para todo ministro, tiene serios problemas de raíz, la semilla de una mala actitud, y pecados ocultos. Los ministros que dedican la mayoría de su predicación y su profecía para criticar a otros ministros cristianos llegan a ser motivados por el espíritu de engaño, del orgulloso auto engaño, y el mismo tipo de auto-importancia que Lucifer mismo demostró. Esta conducta es uno de los pecados más mortales del ministro, especialmente del ministro profético.

La línea entre pronunciar un genuino juicio profético, y ministrar por un corazón herido o un espíritu de rechazo es muy delgada. Es por eso que todos los profetas deben estar relacionados con alguien y dar cuentas a alguien en quien ellos confíen lo suficiente para permitir que esa persona sea el cirujano espiritual que opere sobre su espíritu y su actitud. El área espiritualmente enferma debe ser quirúrgicamente removida, la herida debe ser sanada y cerrada adecuadamente, y debe dársele tiempo para sanidad y restauración en las áreas de la vida de la persona.
Un Ejemplo Reciente. Hace algún tiempo, uno de los profetas de la Red de Ministerios Proféticos de Christian International comenzó a manifestar actitudes como la del síndrome de Elías que he descrito. Así que el Obispo y la Junta de Gobernadores tuvieron que disciplinar a la persona involucrada.

Este profeta tenía un ministerio profético efectivo y ungido. Sus profecías eran exactas y poderosas. Sanidades y otros milagros se manifestaban en su ministerio.
Sin embargo, no todas sus 10 “M´s” estaban en orden, su mensaje, ministerio, y su moral estaban bien, pero su madurez, sus motivaciones, métodos, y ética ministerial estaban muy fuera de línea y requerían atención inmediata. Los problemas de la raíz de la “hierba Johnson” que habían brotado en su vida estaban creciendo tan rápidamente como su ministerio.

El Obispo y la Junta de Gobernadores llegó a la conclusión que este profeta tenía una enfermedad contagiosa que necesitaba ser removida “quirúrgicamente”. De hecho, le dijimos que tenía un punto ciego en su vida que le impedía ver la gravedad de su situación.

Todos los treinta ministros presentes en la reunión estuvieron de acuerdo que este problema de raíz era lo suficientemente serio para requerir que el profeta fuera removido del ministerio público por un período de tiempo. Le ofrecimos llevarlo al Campus de nuestro ministerio por un prolongado período de tiempo hasta que fuera liberado, sanado, transformado y reinstalado al ministerio público.

Es triste decirlo, pero este profeta nos permitió cortar la “hierba Jhonson” del problema mientras estábamos en la reunión con él - pero al salir de ella, él no nos permitió caminar con él a través de un período de tiempo, retirado del ministerio público para que Dios destruyera las raíces profundas de mala hierba en su corazón.

El profeta finalmente se dijo a si mismo que todos los otros treinta ministros estaban equivocados, y que solamente él estaba en lo correcto. Su conclusión fue una clásica declaración de autoengaño “ustedes dicen que yo tengo un punto ciego concerniente a mis problemas, pero yo no lo veo”. Al final él acudió a la excusa típica de todos aquellos que son más “espirituales” que maduros, y que sólo quieren hacer lo suyo: “Dios me lo Dijo” expresó,” que no voy a someterme a su disciplina sino que voy a continuar con mi gran ministerio en mi Iglesia”. Este ministro tenía el potencial para ser un gran pilar de la verdad y un padre de la fe durante su vida - si tan solo se hubiera sometido al consejo de su Obispo y la junta de Ancianos.

¿Cuál es el beneficio de relacionarse y sujetarse a una organización ministerial si no estamos dispuestos a recibir su consejo, su disciplina y su corrección del mismo modo como lo estamos para recibir su bendición y ayuda para promover nuestros ministerios? Debemos recordar que la Biblia insiste en que aquellos que no tienen la voluntad de sujetarse a la disciplina y a la corrección no son verdaderos hijos de Dios, y su ministerio es ilegítimo. “Pero si se os deja sin disciplina... entonces sois bastardos y no hijos” (He. 12:8).

Reciba Todo con Gracia. No hay límite en como Dios puede usar a las personas que tienen la capacidad de recibir apoyo y corrección, alabanza y persecución con el mismo espíritu de gracia. Este tipo de ministros pueden manejar el éxito sin que se les eleve el orgullo, y soportar el rechazo y las aparentes fallas sin crecer en desaliento.

Dios nos conceda que podamos aprender a ser alabados por nuestro poderoso trabajo profético sin ser orgullosos, y ser criticados o disciplinados sin desarrollar un complejo de persecución.

Los profetas deben desarrollar el carácter de Cristo, el cual es capaz de recibir tanto respuestas positivas como negativas con una gracia consistente. La única manera que los profetas de los últimos días en el ejército del Señor serán capaces de sobrevivir es mantener una actitud y una mayordomía adecuada con el Señor Jesús, ya sea que seamos recibidos o rechazados por la gente y el liderazgo de la iglesia.

 
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