lunes, 22 de febrero de 2010

La Lectura Infantil

La edad de la fantasía (de 4 años a 6 años)

Para que un niño aprenda a leer es preciso, en primer lugar, que desee hacerlo. Y para despertar ese deseo, nada mejor que contarle interminables historias de animales o leerle cuentos de brujas, princesas y duendes. Éstos y otros relatos pondrán en marcha su imaginación y lo animarán, llegado el momento, a explorar por sí solo el apasionante mundo de los libros.


A la conquista del castillo

Aprender a leer es un proceso muy complejo. Razón de más para transformarlo en placer.

La adquisición de la lectura demanda esfuerzo. Antes de comenzar el proceso, el niño ya adivina el colosal reto que este aprendizaje representa. Lo percibe a través del deseo, más o menos vehemente, de los adultos que lo rodean de que empiece a leer de corrido. Y ese deseo pesa demasiado para un niño que está a punto de empezar la Primaria.

Leer es querer y es poder

¿Intuyen los niños que saber leer es una condición imprescindible para participar plenamente en el tinglado sociocultural de los adultos? Leer es un arma de liberación, de poder, una auténtica conquista histórica que el niño de hoy tiene que hacer propia. Pero leer es una actividad compleja, que exige, a su vez, la confluencia de otras actividades mentales diferentes: estar atento al código, al sentido, a las dos cosas a un tiempo... El empeño de los padres y de los profesores no es suficiente. Hace falta el deseo del propio niño. Pero, si se le han leído cuentos desde su más tierna infancia, hay muchas posibilidades de que tenga ganas de apropiárselos completamente, de dominarlos leyéndolos él mismo, de ser autónomo en la lectura.

El niño será lector si, además, le damos el tiempo necesario. Anticipar etapas, aunque sea con la mejor intención, entraña el riesgo de romper el ritmo. Por eso, el profesor debe hacer comprender a los padres que es un trabajo inútil obligar a los niños a repetir palabras sueltas, sin sentido, o ponerlos a descifrar códigos que no entienden. Para lograr su interés y que lo pasen bien, lo que los padres pueden hacer es leer con ellos... desde los titulares de un periódico hasta las indicaciones de una etiqueta. Textos hay por todas partes, al alcance de cualquier mirada. Y quieren decir algo. ¿Qué? A los niños les encanta descubrirlo con su padre o su madre, poco a poco, jugando. Pero sin correr más de lo debido. Porque no todos los niños aprenden a leer en el mismo tiempo.

Hay que leerles cuentos

Los niños que tienen problemas insalvables para aprender a leer son, generalmente, los que nunca han visto leer a sus padres, o a los que no se les han leído cuentos. ¿Cómo van a averiguar que leyendo van a descubrir un mensaje? Es preciso leerles cuentos, muchas veces, para que comprendan que en cada libro hay una historia. Llegar al final y ver cómo termina es un placer... Un placer que es, a la vez, la motivación para el aprendizaje y la recompensa del esfuerzo.

A la escuela corresponde enseñar a leer, pero los padres pueden preparar el camino y sentar las bases de la afición a la lectura durante la Educación Infantil.

Ideas útiles:

* Leer cuentos a tus hijos cada día. El mejor momento: por la noche, antes de dormir.

* No interrumpir la lectura de una historia una vez comenzada. Para estructurarla, el niño necesita un principio, un desarrollo y un final.

* Los cuentos de miedo tienen su utilidad: ayudan al niño a proyectar su propia angustia y agresividad sobre los personajes.

* Los cuentos de animales no son intrascendentes. Sirven para que los niños vean reflejadas sus vivencias sin traumas.

* No hay que abrumarlos con historias «con problema», porque necesitan evadirse de la realidad, soñar y dejar volar la imaginación. Pero si la familia atraviesa una situación difícil, puede contársele una historia que aborde el problema con delicadeza para que ellos la entiendan a su medida.

* No hay que repetirles que tienen que aprender a leer para estudiar y sacar buenas notas.

* Si después de escuchar un cuento, el niño quiere hablar sobre él, conviene atenderlo. Pero hay que evitar hacerle preguntas sistemáticas para ver si lo ha entendido. Tratando de analizarlo todo, desaparecerá la magia

 
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