jueves, 18 de febrero de 2010

Hemos Sido Vistos Y Conocidos

“He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH el Señor, quien ha sido salvación para mí” (Isaías 12:2).

Durante los días terribles de la guerra relámpago, un padre, agarrando su hijo pequeño por la mano, corrió de un edificio que había sido alcanzado por una bomba. Enfrente al edificio había un grande cráter formado por el bombardeo. Intentando abrigarse lo más rápido posible, el padre saltó para dentro del cráter y levantó sus brazos para recibir su hijo.

Aterrado y oyendo la voz de su padre que lo mandaba saltar, el niño contestó: “¡Yo no puedo verte papa!” El padre, mirando para el cielo pintado de rojo por los edificios en llamas, gritó para la silueta que veía de su hijo: “Pero yo puedo verte. ¡Salta!” El niño saltó porque confiaba en su padre. La fe cristiana nos posibilita encarar la vida o la muerte, no porque nosotros podemos ver, si no porque tenemos certeza de que somos vistos. No porque conocemos todas las respuestas, pero porque somos conocidos.

La grande tranquilidad experimentada por el cristiano consiste en confiar plenamente en el Dios a quien sirve y de quien si tornó hijo por los méritos del Salvador Jesucristo.

En Él podemos descansar sabiendo que cuida a nosotros a todo momento y delante de cualquier circunstancia. El amor de nuestro Padre divino nos llena de paz mismo durante los más serios bombardeos a que somos sometidos en nuestra caminata espiritual.

Si pasamos por una situación financiera difícil, estemos seguros de que Él nos ve y todo sabe. Si el problema es de enfermedad, Él también está a nuestro lado. Si todo parece dar errado para nosotros, creamos firmemente que Él está nos observando y que luego la victoria llegará.

aun cuando miremos para la frente y no veamos nada que nos dé un aliento, confiemos sin temor. El Padre nos ve y está de brazos abertos para protegernos y hacernos más que vencedores.

 
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